Últimamente me cuesta mogollón hablar. Es como si no pudiera concentrarme en lo que digo, como si me fuera a faltar tiempo para construir mis ideas, como si irremediablemente cada palabra estuviera destinada al absurdo. Sólo escribiendo me aseguro un espacio respetuoso. Aunque creo que hoy en día mi inseguridad es mi nueva seguridad. Hay como una apropiación orgullosa de mis complejos. Lo más curioso es que esto me proyecta una nueva imagen exterior. Y es que estoy construyendo-me, con poco presupuesto, para tener una vida sostenible que merezca la pena ser vivida. Aborrezco ya los subidones de cinco minutos, una noche, cinco años, en manos de quién viene y se va. Es la sensación empalagosa de masticar azúcar. Las primeras cucharadas te saben a dulce travesura, pero cuando ya llevas unas cuantas te dan asco repulsivo. Hoy respondo ante mí mismo, un compromiso más profundo, un amor más necesario, un odio más terrible, una responsabilidad mayor y por lo tanto miedo, y miedo al miedo, y inseguridad y dificultad para comunicarme. Lo que me queda, tras aprender a decir que no, tras comprender que ser la elegida no siempre es una suerte, es dejarme llevar por el río de la vida, en una actitud de fe. Que si vienen cascadas por algo será, que si rápidos o si aguas tranquilas, pues muy bien, que no depende de mí, que nada de lo que haga podría cambiarlo, que sólo me queda flotar lo que me quede.
¿Cansado de dar palos de ciego, de no saber cuál ha de ser el siguiente paso? ¿Que tal no hacer nada por ahora y esperar tranquilo que llegue tu momento? Aunque esto no es excusa para no ponerte las pilas y descubrir nuevos autores que amplíen tus horizontes, por si acaso tu futuro te espera donde tu ahora no puedes verlo. Chuck Palahniuk (del que ya me había leído Monstruos Invisibles, demencial), Alberto Mira y Oscar Wilde me han dado en cuestión de dos semanas excusas para no ser el mismo. En este tiempo he pasado más tiempo con sus libros Fantasmas, De Sodoma a Chueca y El retrato de Dorian Gray respectivamente, que con cualquier amigo. Y es que este año mi fiesta del orgullo gay ha sido un viaje introspectivo al libro de Mira, donde he descubierto el "porqué" gay, más que nada para no caer en engaños. Por cierto, un nuevo vocablo que me ha enseñado La Kovic de Argentina: "Cross-dresser: Se denomina a la gente que se viste de mujer en la intimidad por puro fetiche, pero se supone que dicho fetiche no es sexual... o sea... la transformación básicamente no es para follar". Merci. La muestra de cine trans también me dio nuevas herramientas de lucha. Yo soy unbio-hombre, con una sexualidadgay en un géneromasculino. Puedes cambiar las palabras en cursiva por tus preferencias específicas y tendrás una definición más respetuosa de ti mismo de la que yo era capaz de proporcionarme hasta ahora. La peli que más me impacto fue el docu Hotel Gondolin (Fernando López Escriva, 2005). 30 travestis putas cooperando y autogestionando una casa okupa en la Argentina marginal. Quedé sin palabras. Por cierto... esta es la entrada 100 de este blog.
Hay una anécdota, una cosa que me pasó de pequeño, que es crucial por ser algo que se me repite constantemente. Yo entonces era del tipo "P. Tinto" de pequeño, con mi cara de ratón. Pasó que un niñato de la escuela, que me llevaba unos cobardes cursos de ventaja, me acosaba a la salida de clase para torturar mis orejas y sentirse vete a saber quien. Resultó que un día me estuvo siguiendo más tiempo de lo habitual, mientras mi astuta pequeñez lo dirigía a la boca del lobo. Cuando pasamos por delante de la tienda de mis padres abrí la puerta de un zarpazo y lo acusé a pleno pulmón. Se quedó de piedra. Pero la sorpresa fue mía porque mi padre estuvo más a favor de él que de su propio hijo. No es que lo defendiera, pero sí lo justificaba. Intentaba por todos los medios acabar la conversación con una sonrisa en la boca y un "buenos días, a sido un placer conocerle". A día de hoy podría pensar que se trata de una percepción alterada por mi mente infantil de entonces, pero mi hermana mayor esa misma tade le recriminó a mi padre no haber sido más implacable ante mi sufrimiento. Bueno, pues esta actitud como de justificar al agresor ha resultado ser una herencia de familia. Ahora soy yo quien en algunas irritantes ocasiones hago lo mismo. Por ejemplo, tengo una vecina que por disposición del piso es más bien una compañera de habitación. Le da por poner música cuando le da la gana y todo lo alta que le apetece, como si viviera en medio de la nada. No soporto estas intromisiones en mi espacio acústico, sobretodo no a ciertas horas (la última a las 8 de la mañana). Bueno, pues en esta nueva ocasión me lancé como un tigre a llamar a su puerta. Cuando abrió, con esa sonrisa de "hola que tal" y esa actitud de "¿Le puedo ayudar en algo?", yo, inconcebiblemente, me puse en plan "amiguista" a justificar porque ella hacía lo que hacía, como si quisiera defenderla de mí mismo. Por supuesto, después me comí las uñas pensando que en vez de pasarle la pelota se había quedado en mi tejado, más inflada si cabe. Me ocurre con gente que creo pueden tener algún poder sobre mí, o darme mala prensa o tener una mala opinión, que ya ves tu. Tiene que ver con la aceptación social. Pero también me pasa con mis sobrinitos, que no sé ponerles límites y acaban subiéndome a caballo, porque no me impongo, porque quiero que actúen con libertad. Pero hay veces que una persona no ha madurado lo suficiente para saber que su libertad termina donde empieza la de los demás. Entonces a esta persona hay que plantarle las banderillas y punto. ¿Porqué esta imposibilidad mía para concebir un enfrentamiento?. ¿Porqué no puedo decirle simplemente: ¡Cómo me vuelvas a joder no te lo diré con las mismas palabras!. En vez de esto la he invitado a cenar, esperando que si le hago un buen pastel entrará en razón. ¡Joder, puedo ser más imbécil? Bueno, en realidad no creo que sea tan gili. Creo que debajo de esto hay un estudiado plan para conseguir cosas. Quizás fue la manera con la que logré sobrevivir en el colegio y los años posteriores del instituto... (Continuará).
Alguien que sabia de que hablaba dijo que mi vida emocional siempre iba a ser movida, y que lo que a mi me hacia crecer era relacionarme con los demás. Entiendo entonces que para compensar sienta cierta vocación de hermitaño. Me encantaría, en un momento dado, encerrarme en un monasterio solitario donde no pasara nada, donde todo estuviera controlado por una estricta rutina. Entonces viviría conmigo mismo, me quedaría con los detalles, con los cambios del tiempo, me haría amigo de algún petirrojo que visitaría la ventana de mi celda por las mañanas (pero sin demasiadas confianzas), y me sentiría romántico y soñador. Imaginaria mi vejez y todo sería según dicta el plan. En vez de esto, me encuentro que mi visión ideal se rompe cada vez que me encuentro con la(el) otra(o), que me pone en evidencia, me agobia y me da miedo. Cada cuál con su cruz, y en mi caso los tesoros de la vida se encuentran potencialmente en manos de los demás. Odio esto, odio tener que pactar, que sea importante, que no pueda hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera. No sé, es un sentimiento como de otra vida en la que fui rechazado, y ahora no espero nada bueno. Por ahora, lo mejor es relajarme y dejarme llevar. Voy poco a poco y así, cogiendo confianza, abandono la necesidad de que crearme un entorno supercontrolado, y puedo soltarme y vivir tranquilo más allá de mis dominios. Puedo salir, ser libre... ¡Buen viaje, trotamundos!.
¡Vaya día! Tengo la sensación de que todo el mundo está en contra mía. Se que es un farol, una conspiración de mi enorme ego para no tener que integrarme, para no tener que negociar, porque en el fondo mi ego me incita a pensar que no hay nada más interesante que yo mismo. Entonces quiero estar sólo, pero no es una soledad sentida, sino un castigo que le hago a ese exterior jodido, que no me tiene en cuenta, como si regañara a una silla por haberme tropezado con ella. Y es que la gente me da miedo, cuando no estoy en mi círculo, me siento como un gato cuando lo sacas de su territorio. Perdido, austero, violento. Se que seguramente la realidad es mucho más amable, pero mi miedo también es muy real, así que por ahora me callaré, y así calladito, miraré de pasar lo más discretamente posible, una táctica que últimamente me está fallando bastante. Callate... mañana será otro día.
Hay veces que me siento como la princesita del guisante, con una piel tan sensible que podría percibir un diminuto objeto debajo de veinte tupidos colchones. Eso me pasa cuando me pongo melodramático, y siempre me pongo melodramático cuando de relaciones se trata. No sé cortar por lo sano. Siempre con mi timidez, miedo a no sentirme aceptado, y a veces la plática y actitudes piadosas hacen más mal que bien. Ni debo nada ni quiero que me deban. Cuando las cosas ya han sido habladas, si de un “no” se trata, nada más hay que añadir. ¡Y me cagon el decreto de la reina que dijo lo contrario!. ¿Porque no vamos a poder empezar de 0?. Dimos todos los pasos hasta que quedo la cosa quedó clara, del 1 hasta el 10, sin saltarnos ninguno. Cerrar una historia que te ha mostrado tanto, con respeto. Desde nuestra abrumadora imperfección, desde nuestro andar a tientas, confiando en la ley de la vida, la que dictan los dioses, esos que no somos ni tú ni yo.
El sentimiento de culpabilidad te hace sentir como un gusano. Un gusano rastrero, lo peor del mundo. Pero ¿No decía la biblia que los últimos serán los primeros? ¿No estaremos pecando de soberbia al sentirnos tan mal? ¿No habrá algún interés escondido tras esta pulsión inconsciente?. La culpabilidad se me presenta con la imagen de una casa abandonada, vacía, húmeda, triste y sola. La habitan fantasmas, reflejos en los espejos de vidas pasadas que a su vez se reflejan frente a otros espejos más actuales, y así multiplican su herencia hacia el infinito en un eco de aparente profundidad, pero que en realidad nos paraliza en la superficie del cristal, donde pasado y presente son la misma cosa. Delante de la casa hay una niño llorando, un niño que necesita ser consolado, un niño que nunca a tenido una tarta de cumpleaños. ¿Quién no se va a apiadar de un pobre huerfanito? ¿Tú? Te aproximas a él y le preguntas que qué pasa. Te dice que se siente sólo y que si quieres entrar en la casa abandonada a jugar con él. Así que entras confiado de tu buena acción. Pero al instante los espejos absorben tu imagen y te conviertes en el nuevo eslabón de las vidas pasadas que atormentan al niño, que ve en ti una nueva oportunidad de remendarse, aún cometiendo los mismos errores de siempre. Se ve tan feliz. No se separa de tu lado ni siquiera cuando vas a cagar, porque tu le haces sentir genial y esto te alaga. Te sientes especial. Pero te das cuenta de que se ha hecho tarde y deberías irte. Cuando lo dices una sombra oscura recorre la imagen del huérfano que empieza a llorar sangre y a caérsele el pelo. No quieres que le pase esto y decides quedarte con él. Así es como te atrapa. A la mañana siguiente te levantaras sólo, pequeño, perdido, y saldrás al portal de tu casa para ver si alguien te quiere salvar. Es un pez que se muerde la cola. Del sentimiento de culpabilidad uno sólo sale rompiendo los espejos del yugo familiar. Pero es difícil, sobretodo después de más de 2.000 años de tradición cristiana a nuestras espaldas.
Se dicen muchas cosas, frases hechas, refranes populares y actitudes positivistas, sobre como actuar frente al dolor del alma. Y cuando esto te pasa a tí no sabes cuál creerte, cuál dar por válida, la que te llevará el alivio. Porque no es momento de buena voluntad sino de supervivéncia. Cuando me pasa, el pensamiento que me sirve es "déjate penetrar por el dolor". Si la sostienes el suficiente tiempo, la patata hirviendo se enfriará. No es cuestión de fe, es cuestión de lógica. Entonces la puedes pelar y ver que contiene. Pero los nervios al rojo de tus manos te gritan que es el fin, que no lo vas a aguantar, que estás roto. Pasó otras veces en el pasado y continué y vinieron buenos momentos y volví a caer. Hay un tiempo para todo, un tiempo para vivir y un tiempo para morir. Mueres en vida para renacer de la muerte. Quizás sea la manera de prepararte para el gran final, que yo, como buen escorpio, me imagino como el orgásmo definitivo. Hay una canción del musical Poe de Dagoll Dagoll titulada "Hi ha un temps per nèixer i un temps per morir", una joya musical que retrata a la perfección lo comentado en este post. Por desgracia no la he podido encontrar en youtube para colgarla aquí.
Hoy en el curso de montaje me he sentido como si me hubiera sentado en el plató de ¿Dónde estás corazón?, y mira, chica... no me ha gustado nada. Claro, que aquí ni me han pagado ni me van a hacer famoso. La cuestión es que por una casualidad me he visto explicándole a la clase que han estado a punto de expulsarme por no hacer la tarea que nos habían mandado, ya que he practicado maquetando mis propios proyectos. A mi favor dije que yo había aprendido tanto o más haciendo lo mío que con el documental que nos pedían. Que teniendo un mac a mi disposición, un software con licencia, y mucho tiempo por delante, se me fueron los ojos sin más. La voz popular apostó con que por supuesto tenia que haber echo lo que me dictaron en un principio, porque ya se veía que era muy estrictos y que con un cliente hubiera estado en las mismas. Lo chungo es que ni tenia un cliente ni estoy haciendo el EGB. Creo que debería poder decidir como quiero aprender y de que manera invierto mi tiempo, mientras no me vea obligado a hacer otra cosa (punto al que he llegado, yo como siempre buscando los límites). Los exámenes que nos hicieron los superé con facilidad, además puedo demostrar que sé utilizar Final Cut, pero eso no vale, hay que seguir el programa. Asumía que me suspendieran, me daba igual, pero echarme me parece excesivo, creo que me han utilizado como cabeza de turco. ¿Mi poquito de autocrítica? Quizás esté teniendo una actitud infantil con todo esto. Mencioné un par de veces que yo ya era una persona adulta, y ¡atención!, cuidado con lo que necesitas reivindicar. Además no es la primera vez que tengo un enfrentamiento parecido. De hecho es lo habitual. Porque siento que el mundo está en deuda conmigo porque lo que hago no tiene difusión y es minoritario. Siempre quiero hacer lo que me sale del coño. Al final termino siendo la persona inconformista y follonera a la que todos parecen entender pero desde la distancia. Por lo visto tengo que aprender a callar y tragar, algo que ya es como “muy español”, porque necesito hacer este curso. Pero sigo sin estar de acuerdo y le dedico estas palabras a este que decide sobre mi, como si fuera un dios griego con su espada justiciera: ¡¡¡Vete a la mierda, imbécil!!!.
Después del módulo de Final Cut, hoy, en el curso de montaje, hemos empezado Avid con un profesor nuevo. El tío tenia pinta cumba con una barba super espesa que le llegaba hasta la mitad del cuello. Se nos presentó diciendo que cuando nació sus padres le llamaron Raquel, pero que tan pronto pudo se lo cambió legalmente por Sergi. Al instante me dio la risa, al mismo tiempo que lo tachaba de graciosillo de la broma chorra, cosa que no me gustó. Pero cuando continuó hablando me di cuenta de que iba en serio, que es verdad(*), que él es trans. ¡Pero que vamos, que lo parezco yo veinte veces más!. En otro momento un compañero de curso hizo un comentario suber bueno. Dijo que él nació una noche de apagón y sus padres no supieron si era niño o niña, así que le dejaron hacer (¡Qué chulo, no!). El problema es que nos suelta unos rollos interminables. Yo es que me duermo. De hecho estoy escribiendo esto mientras él habla para colgarlo después en el blog. También le he hecho un dibu (ver la ilustración). Cuando me ha tocado presentarme a mi y he comentado que venia del mundo del cómic, ha echo toda una disertación de la gran similitud que hay entre cómic y montaje de vídeo, cosa en la que estoy de acuerdo. De hecho yo no me considero un gran dibujante, pero si me mola el poder comunicativo de las viñetas, el ritmo de la historia, el potencial dramático de las secuencias... Conceptos todos que tienen su correspondencia en vídeo. Por cierto, cuelgo aquí mi último montaje. Un anuncio del bar de mi amigo Fede con Rita Askarich y el teniente Bronson de protagonistas. Espero que te guste... Flipado he hoy. (*) Nota del 12/06/09. No, no es verdad. Una compañera de curso me ha abierto los ojos. Se confirma ahora que se trata de un graciosillo pedante a cualquier precio. ¡Joder!.
Ayer, viernes, actuaron, en en el Centre Golferich de Barcelona, Human Trash + La Pubilla Daltónica. Las conocía personalmente pero no artística mente, aunque su blog es el que más visito por su alto contenido en verdad de la buena. Yo ese día venia de una de estas situaciones de la vida en las que tienes que acachar y comer mierda. Un gesto muy popular y español al que todos rezamos "palabra del señor". Quiero decir que sintiéndome así las "basura humana" me pellizcaron el corazón de inmediato. Por su rabiosidad en el escenario, por no interpretar sino hacer, y por hacerlo bien, por hacerme reír a carcajada viva. En cada sketch pensaba "Vuelvo a nacer después de ver esto". Porque he ganado en calidad de vida desde que he visto su show de polipoesia. Ni un Ipod, ni un móvil más nuevo ni un disco de moda habrían conseguido este subidón. Que aunque el espectáculo fue como muy heavy, cuando terminó y empezamos a aplaudir, yo podía sentir como todo el amor que nos habían dado volvía a ellas transformado en luces y aplausos. Las queríamos, se querían y finalmente nos enseñaron una teta ¿Qué más se puede pedir?. Cuando salí saludé a estas fieras del escenario y me fui con amigos a la ruta cervezera. Pues a volviendo a casa, a altas horas de la noche, borrachos perdidos y meando por los rincones, hacíamos coña con momentos del show. Nos preguntábamos mutuamente "¿Como era lo que decía... como era?", porque queríamos recordar las palabras exactas, porque queríamos participar de la fantasía, de la magia, y del inmenso talento de Human Trash y La Pubilla Daltónica.
En un artículo anterior, en este mismo blog, hablé de lo difícil que fue en mi infancia en el pueblo encontrar mi identidad. Claro, que entonces no conocía todavía a Frederich Sancho, paisano mío, una persona que me a abierto los ojos y me ha hecho ver que no hay porque ser una víctima, que muchas veces el prejuicio viene de uno mismo y se puede vencer. Él ha llevado su sexualidad sin tapujos en una sociedad hipócrita y moralista. Ahora es presidente de la associación de gays y lesbianas de les Terres de l'Ebre y el Maestrat. También es el creador de Rita Askarich, la bruja del Delta, un personaje entrañable que ameniza las fiestas que se organizan en la sala que regenta, L'Andrògina (Av. Catalunya, 31. Tortosa), el único pub de ambiente que conozco en la zona. Soy fan y seguidor de Rita desde que conocí a Fede. De hecho beben mutuamente y son dos y uno a la vez, porque Fede es mucho Fede, y conocerle es entrar en su mundo particular lleno de riquezas. Hace unas semanas, gravamos junto a Alba Daix unas imágenes con las que he maquetado este pequeño corto. En cierta manera tiene valor documental, porque verlo es como entrar en el mundo de l'Andrógina-Fede-Rita del que hablo. Puedes amarlo o odiarlo, pero hay que reconocer que tiene carisma. Cuando le veo enfundarse sus medias, colocarse su peluca y salir a las calles de Tortosa pintado como una puerta... Realmente pienso: ¡Rita Forever!.
Aquí os presento un mix de actuaciones de Exóticopop interpretando Encúlame, La canción de Cúlcul. Esta guapo, aunque vamos a gravar un vídeo que será como más oficial. El tema está compuesto por mí y producido por Elman Reyes.