Momento apoteósico en la verbena de San Juan, pegando un gallo impresionante. Desafinando como una hiena hedionda. Héroes del descenso auto inmolándose en público.
Al terminar el show del día 27 de junio en la galería Desig, una chica me preguntó que cuando volvíamos a actuar. Le respondí que al día siguiente en la fiesta del orgullo gay. A lo que me respondió: “¿Y ustedes que pintan ahí?”. Esto me hizo dar cuenta de hasta que punto me había distanciado y me había decepcionado la cultura gay. Es como cuando vas a tocar algo que creías sólido y descubres que es sólo humo. A principios del 2005 empecé a colaborar con el CGB con ganas de aprender y ilusionado por formar parte de algo. Así surgió mi personaje Cúlcul el culo, del conocimiento que adquirí, formando parte de la redacción del Infogai, de la teoría queer. Aunque, de alguna manera, lo que hacíamos era un trabajo meramente informativo, y eso desactivaba enormemente el contenido convulsivo que prometían las palabras que utilizábamos. Actualmente la marca “gay” a dejado de tener ningún interés. He publicado en varias editoriales bajo esta etiqueta y no me ha significado nada. Entonces, ayudado por una serie de artistas (no gays), llevamos los cómics de Cúlcul a la acción. Exóticopop, una performance musical y visual con la que poder ir más allá. Y pensamos: ¿Qué mejor lugar para presentarla que en el carnaval “gay” ofrecido por el colectivo “gay”?. Así es como empezó mi proceso de desilusión. Un día asistí a una reunión del colectivo para ofrecerles nuestra colaboración. De entrada me pidieron visualizar material previo para pensárselo. Me quede muerto, porque llevaba más de tres años trabajando con ellos, saliendo de marcha con ellos, asistiendo a reuniones... De repente, al desvincularme con un proyecto propio, me trataban como a un perfecto desconocido. Me dijeron que para esa noche esperaban contar con la Terremoto de Alcorcón y que, quizás, a ella no le pareciera bien que actuáramos. ¿Y por qué le iba a importar lo más mínimo? (en ese momento no teníamos más que dos canciones y no íbamos a estar ni diez minutos sobre el escenario). Como la Terremoto no iba a cobrar nada de esto les daba largas, y le habían puesto como fecha límite, para confirmar su presencia, el fin de año, con lo cual a nosotras nos dejaban en "stand by" hasta ese momento. Eso me dolió muchísimo porque lo que en realidad estaba pasando era que me ponían “en mi sitio”, o sea, bajo su control corporativo, tratándose a sí mismos en plural cuando en realidad me encontraba con opiniones de personas muy concretas, tratándome como a un disidente de sus filas, cuando nuestro espectáculo había resultado de mi colaboración con ellos. Me di cuenta de que no me encontraba en un terreno de libre pensadores, sino que más bien había unos líderes, y, sobretodo, unos intereses que defender. Por supuesto, a muchos les irá muy bien así, pero entonces nada tiene que ver con la libertad creativa que yo buscaba.
Cuando regresé de Florencia a principios de año nadie se había puesto en contacto todavía conmigo para decirnos si se nos permitía actuar. Llamé y me enteré que la Terremoto les había dado calabazas. Aún así continuaban dándonos largas. Me sentí indignado. Así que, en un momento dado, decidimos que dieran la respuesta que diesen no actuaríamos. Pero pasó que, en el último momento, todo cayó por su propio peso, y nos vimos impresas en el cartel como actuación de la noche. A partir de ahí los gestos de desprecio fueron constantes. Ejemplos: En la gala ofrecieron tickets de consumiciones para los artistas menos para nosotras (que no es el hecho en sí sino la manera sibilina con que lo hicieron); Para nuestra actuación en la verbena de San Juan nos pidieron la lista de las canciones que íbamos a interpretar y los temas de que trataban para discutirla en su reunión (¡Vamos, peor que en la censura de Franco!); A pocos días de la actuación, nos regatearon de una manera vergonzosa un par de minutos escénicos, con lo que no pudimos hacer el espectáculo que teníamos programado. Su mensaje era: “Nos da igual vuestro show, lo importante es que sintáis nuestro control”. Como podéis ver, un ejercicio más de poder. A ellas, que se las dan de “referente de la extrema izquierda”, decirles que no hay nada menos transgresor que el poder, y que no me las creo. Acabé tan harto, por culpa de un último gesto suyo de menosprecio, que en nuestra actuación en la fiesta del orgullo gay, que finalmente nos recortaron más de lo debido, hice unas declaraciones en el micro: “Esta muy bien eso de ser gay, lesbiana, etc, pero ante todo hay que ser persona...”. Mientras, en la esquina del escenario, me miraban señalando su reloj con el dedo, queriendo decir que termináramos ya. De todas maneras aproveché para desahogarme y dí un chillido allí mismo por el micro que me quedé super a gusto.
Siento que he perdido algo, compañeros, complicidad, apoyo, ilusión... pero lo prefiero a seguir viviendo en el auto-engaño.