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"Solas" es el título del cuarto episodio de Trans in the city. Esta mañana un amigo ha leído el original, antes de que lo colgara esta tarde, y me ha dicho: "hay mucho de en estas historias de tu vida real". Y claro, para quién
me conozca un poco es innegable. Por eso es maravilloso poder llegar a tanta otra gente, que no conozco físicamente, pero con la que comparto una complicidad a través de la sinceridad. Lo que digo es que si me pasa a mi le pasará también a muchas otras personas. Esta es la filosofía de TITC (TransInTheCity). De hecho cada vez me siento más y más como Carrie Bradshaw de Sex and the city. Alguien que escribe sobre sus experiencias en la ciudad, o en cualquier otro medio social en el que te puedan pasar cosas. Sólo me falta vivir rodeado del lujo en el que vive ella, y tener mogollón de pasta para invitar a mis amigas a cenar día sí día también. Ojalá. Por lo pronto, y para superar el bache en el que me veo hundido, me he propuesto seguir un plan: Hacer las cosas más absurdas que se me ocurran. Trans in the city es una de ellas. Pero también lo es apuntarme al grupo de lucha libre de Les panteres groges. Es una asociación deportiva de gays y lesbianas en donde se practica
n todo tipo de deportes. Atletismo, natación, rugby, tenis, etc. Todo empezó porque conocí a un chico muy mono en el tren que practicaba el vóley playa con ellos. Fue encantador y me animó a desenchufarme del ordenador y meterme en campos más sanos. Así que el pasado sábado recibí mi primera clase. La anécdota fue que hice sangrar la nariz del monitor. El me decía: "¡Así, así, con violencia!", y yo por lo visto me emocioné. Terminé con los pelos de punta, rojo, rojo, parecía Marnie. Fue un accidente, por lo visto esto no suele ocurrir. Por suerte tengo más locuras planeadas para esta semana. Es el remedio a la depresión. De alguna de ellas espero sacar el guión para el próximo cómic.
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